Antes de nada, dejar claro que el tono crítico de este post refleja lo que pienso, pero están perdonados, una y mil veces. Después de tantas horas de felicidad que me han dado y me seguirán dando, no soy digno de escribir algo negativo sobre los Stones. En resumen, soy un gusano.
Yo creía que jamás envejecerían de verdad (no de arrugas, sino viejos de verdad, tanto que sólo pueden usar los dedos para fumar…). Fijaos en Charlie, un venerable ancianito que cumple con su cometido excepcionalmente bien, y eso es lo que ha de hacer. ¿No puede hacer Keith lo mismo? ¿Tan jodido está? Supongo es normal, después haber estado lustros a caballo entre el ídem y la morgue. Lo único que tiene que hacer es tocar. Que se siente si quiere, verle es prescindible. El espectáculo lo da Jagger. Jagger es el ídolo, Keith el héroe. Para que la maquina funcione, hay que idolatrar a Jagger y oír como la guitarra de Richards escupe riffs que han quedado grabados a fuego en la historia del rock and roll. Hay que ver a Jagger, pero a Richards hay que sentirle. No se le sintió. No se le oyó. Y la maquina funcionó a medio pistón.
Oh, sigue siendo el mejor concierto de rock and roll posible. ¿Cómo van a dar un concierto malo, con el repertorio y las tablas que tienen? Pero, parafraseando a un amigo mío que tomó prestada una frase de ese filósofo urbano moderno, Sick Boy, el concierto estuvo bien, pero no estuvo de puta madre. Hablando de los Stones, esto quiere decir que decepcionaron. Oh, la gente salió contenta, claro, pero hoy día un porcentaje enorme de su público va por ir, no conocen la música, lo que les atrae es la leyenda. Yo salí desilusionado. A años luz del éxtasis de otras veces. Sonaron desangelados. Richards no estaba.
Ni siquiera estaba cuando Jagger le cedió el protagonismo para regalarnos con su ya habitual actuación comatosa, de la que hasta ahora había conseguido salir exitoso porque se le quiere y a base de cara dura. Esta vez dio pena. No las canciones, sino su estado. Se encogió, como con miedo, cuando se le echo una ovación, perdido; su cabeza estaría en Jamaica, y entre los acordes de reggae que sin duda resonaban a través de sus neuronas empapadas de todo tipo de sustancias (la sangre se puede cambiar en Suiza, pero los daños al cerebro son, desgraciadamente para el rock and roll, irreversibles) pareció preguntarse “¿Qué pinto aquí? ¿Por qué me aplaude tanta peña?”. Triste.
Esa noche Keith no se ganó el aplauso. Ni de coña. El resto estuvieron inmensos. Jagger sigue siendo el mejor frontman de la historia, lleno de vitalidad y carisma; Charlie correcto, perfecto, preciso, como siempre - la gente se ríe al ver su aspecto frágil… cretinos, es un batería que sabe llevar el ritmo sin florituras ni doble bombo ni mierdas, a sus 60 y muchos años (me gustaría ver al baboso de Lars Ulrich, que sólo necesito 8 años para volverse imbecil integral, haciendo eso); Ronnie estuvo increíble, cubriendo, con esa elegancia que sólo dan las tablas y la vieja escuela, las espaldas a su senil colega Keith.
El repertorio, si hubiera sonado como debía, el mejor que les he visto: de los últimos discos tocaron sólo "Rogue Justice", una canción que gusta, y el resto fueron clásicos, algunos de menor calibre como “You got me rocking”, sorpresas como “Can´t you hear me knocking”, y sorpresas aun mayores como, al fin, haber dejado fuera “Miss you”, la cual, valga la redundancia, yo no eche de menos para nada; y es que con un show de dos horas y el repertorio que tienen, el coste de oportunidad de cada canción en un concierto de los Stones es enorme (soy consciente del freakismo de esta frase) y el de "Miss You" ya roza lo sacrílego, ya que además de ser un coñazo dura 10 minutos.
La posición, en primera fila, inmejorable. Las pilas a tope, gracias a la hospitalidad de nuestro hombre en Hernani. Lo único extramusical que me tocó un poco los cojones fue la sobredosis de cámaras en el concierto y la peña que saca 800 fotos. ¿A que coño has venido, a disfrutar o a hacerte un álbum para después decir que has estado allí?
Pero Keith usó la Fender de adorno. Y las canciones, sin columna vertebral, sonaron insulsas. “It´s only rock and roll” nunca queda bien, pero si “Can´t you hear me knocking” y "Tumbling dice" suenan sosas, algo va mal. Un concierto de los Stones siempre tiene momentos de más calma. Pero éste fue constante en su carencia de músculo. El solo de “Sympathy for the Devil”, que normalmente llega hasta el tuétano, fue francamente lamentable. La traca final, siempre apoteósica, no fue el tornado de energía habitual. Faltó ese ritmo primitivo y visceral que el viejo pirata marcaba, siempre hasta ahora, con maestría.
La crítica española, como corresponde a un país que no tiene ni puta idea sobre rock and roll, alabó las actuaciones. Otros países no tan analfabetos en materia de rock and roll dieron, con merecida sarna, en la diana al hablar de esta gira.
No quiero seguir. Supongo mis expectativas eran enormes. Pero si está tan mal, que toque en una silla con bombona de oxígeno, pero que toque. No hace falta verle, ya tenemos a Jagger (este sí que es inmortal, es un caso de estudio para científicos e investigadores, que energía). Pero hace falta oírle. En fin, más vale quemarse y desaparecer, porque uno nunca termina de oxidarse. Y si lo dejan ahora, serán reyes absolutos.
Para acabar de un modo más positivo, porque estas cosas duelen, decir que todo lo que rodeo al viaje estuvo genial. La hospitalidad de Xabi (gracias desde aquí). Las quejas, constantes, de nuestro fotógrafo oficial (buen ojo, recogiendo energía y decadencia, deterioro y decrepitud), quien me ha pedido que deje de hacer el avestruz y escriba estas líneas (sí, lo estaba evitando). Hernani el viernes (no vi ratones ni nada, pero mi encuentro con los indios que fuman me colocó ligeramente en orbita, y me lo pasé muy bien). Conocimos a un redactor del Popu y vimos que tenia pinta normal (siempre pensé que la redacción de esa revista debía ser bastante pintoresca). Y vimos e incluso hablamos con Shannen Doherty, la de 90210 sensación de vivir, os juro que estaba allí, o su hermana gemela… estuve por decirle que se parecía a Brandon.
Y soy famoso: salí en A3 entrando al concierto, y en el Diario de Guipúzcoa, importante periódico de tirada nacional… en Euskadi claro; yo soy el que vino de Holanda y los vio en Viena; muy graciosa también la alusión al hernaniarra, quien para nada mostraba los efectos de la noche anterior pero que, según la periodista, “sobrellevaba la resaca de Sanjuanes como podía, pero estaba dispuesto a rematar la noche en las fiestas de su pueblo”. Una chica mona con alma de buitre carroñero en busca de información picante.
Dios salve a los reyes.