Sobrecarga y recuerdos de Westfalia
Me entró miedo por la sobrecarga de actividad que se me venía encima, y al final pedí a los de Maastricht si podía empezar el día 4 de junio. Les pareció bien. Así que, en estos días, ya me he quitado las traducciones futbolísticas del siguiente número de la revista (espero alguno de mis cuatro lectores haya tenido el buen gusto de comprarla, aunque solo sea por ver mi nombre), y, tras muchas idas y venidas (y las que quedan), ya tengo piso en Maastricht. Odio buscar piso, así que no entraré en detalles, sólo decir que para ser una ciudad pequeña (unos 160.000 habitantes), es caro de cojones. Otro milagro es que la organización para la que estoy haciendo el segundo concursillo ha sido (extraño pero cierto) bastante rápida corrigiendo el examen de inglés y ha puesto el segundo justo antes de que empiece en Maastricht, así que no hay solapamiento y además aprovecharé el viaje para soltar lastre en España. Lo malo es que entre traducciones y el constante ir y venir, no he estudiado nada (soy así de eficiente). Pero como los puestos están dados de antemano, tampoco me siento muy culpable.
Finalmente lo más extraño. Aquí ando, en casa, esperando con ciertas ganas para ver la final de la Champions League. Incluso estoy haciendo una de mis escasas maravillas culinarias para la ocasión (pollo à la Leffe). No es para menos, después de haber traducido mil artículos sobre la competición, más uno de preview antes de ayer. Bueno, no es la primera final de la Champions que veo con ansiedad, sino la segunda. Mi año de erasmus, en Bielefeld, vio al Madrid frente al Bayer Leverkusen. Yo, como buen residente en Westfalia, animé con todo mi corazón a los alemanes. De hecho, sólo estábamos dos españoles, y luego había cinco alemanes, y la verdad que daba la impresión de que nosotros queríamos que ganara el Leverkusen más que ellos. Yo, por identificación con el débil (al final ese año el Bayer Leverkusen perdió todo: Bundesliga, Copa, y Champions) y cariño hacia mi Westfalia adoptiva, y por la antipatía que me provoca el Madrid. Mi amigo es antimadridista convencido. Los alemanes gritaban menos, pero recuerdo que uno de ellos se fumo paquete y medio durante el partido (un no fumador). Perdió el combo westfaliano. La verdad que me jodió un pelo ver a los consultores de management ganar. Pero se me pasó en 2 minutos. Esta noche no se con quien voy. La verdad que después de traducir la vida y hazañas de Pirlo y Gattuso en un articulo superlargo el mes pasado, tengo curiosidad por verles. Pero Liverpool es una ciudad que me cae mejor que Milán. La primera dio a los Beatles y la segunda es el sitio más pijo, caro, y artificial de Europa. Bueno, al menos cuando traduzca el siguiente número habré visto un partido de los que hablan.
Queda bonito, ¿verdad?

