Una mañana gris y triste en Viena. La lluvia limpió la ciudad ayer, y me rejuveneció considerablemente. No hace mas de 20´ y llevo un jersey de lana. Adiós a la mierda de ola de calor. Es maravilloso, puedo pensar con claridad de nuevo, moverme sin sudar, no necesito ducharme tres o cuatro veces al día, el metro huele a metro y no a ganado sudoroso. Después de dos semanas de infierno, esto es el cielo. ¿Cómo es posible que todo el mundo menos yo se queje? No lo entiendo, la peña adora el calor extremo. Al parecer les encanta apestar a mierda y sudor y estar sentados al sol sin hacer nada porque el cuerpo humano no funciona.
Buenas noticias pues para los amantes del sudor: según los científicos, la cosa va a peor y el calentamiento global es imparable. En parte porque a la peña se la suda. Seguro que si se tratara de “congelamiento global”, todo el mundo estaría poniendo su granito de arena para evitar la llegada de la edad de hielo. Pero no. Temperaturas un poco mas altas son algo con atractivo para el club de fans del hedor. Total, que más da si se mueren cuatro pingüinos y las generaciones venideras viven en un infierno. La humanidad es un animal egoísta. Pues bien, también hay motivos egoístas para pensar que el calor da asco: la primera, que yo lo odio. Pero hay una que no sólo me afecta a mí, pinchad para mas detalle porque ya desvarie sobre esto en inglés: el esquí sufrirá bastante debido a esto, esta comprobado aquí.
El inminente Apocalipsis del esquí no hará que cada uno salga de sus comidas de cabeza propias. En este año de retiro espiritual, le doy demasiadas vueltas a todo. Y noto con mayor intensidad que normalmente el paso del tiempo. Noto que las cosas cambian. Un amigo en una situación parecida en Londres cultiva los mismos pensamientos que yo. Esta mañana venía en el metro escuchando a Nena, e “Irgendwie, Irgendwo, Irgendwann” siempre me pone melancólico porque me acuerdo de mi erasmus en Bielefeld. Era todo tan maravilloso e infantil. No quiero crecer. ¿Dónde están los amores de verano? ¿Los Sommerlager? ¿El hard rock americano de los 80? ¿Las fiestas con pop revenido en discotecas alemanas? ¿Las cervecillas a las 12 del mediodía?
La gente evoluciona de algún modo, va hacia delante. Y no sé si yo lo hago de un modo lógico. Según lo establecido, parece que no, ya que la mayoría parece seguir lo que yo llamo “la senda de la jubilación anticipada” . La noticia de que tal o cual persona se ha asentado llega ultimamente con más frecuencia de la normal. Alguien te escribe un mail y te cuenta, “aquí en España la gente esta tan estancada… no los culpo, supongo que si te quedas es lo que hay… todos mis amigos se compran casa, se casan o tienen hijos”… y yo pensando en pirarme a Bruselas y puliendo pasta en alquiler en Viena y en mil viajes. Se pasa gente que conoces desde hace años por Viena de viaje y por supuesto uno con una economía decente ya se ha comprado una casa… Parece prudente, ¿no? La hipoteca, la familia, casarse. Seguridad, calma, dicho de otro modo. Pero haciendo eso dejas otras cosas de lado, conocer movidas nuevas, gente nueva, pegarte batacazos de los que se aprende, etc…
¿Asentarse? Puf, creo que de momento prefiero aprovechar las oportunidades que me vengan de estar fuera, me mola y aun soy muy joven, un bebé curioso en etapa de descubrimientos. Lo de asentarme me da un miedo increíble, sería como el final de la infancia. Tengo un complejo de Peter Pan enorme, soy el niño travieso que no quería crecer. ¿Casarse? Parafraseando a Edward Norton en el Club de la Lucha, yo no puedo casarme, soy un niño, coño. ¿La casa? Por dios, si no tengo ni idea de donde voy a estar en el futuro más cercano. Quizás debería volver a España, buscar un curro allí, hipotecarme hasta las cejas y asentarme ¿Es eso lo prudente y lógico? No creo la peña que hace eso haya tenido en cuenta el coste de oportunidad, o quizás si…

Pero supongo que es normal reflexionar sobre estas cosas, sobretodo cuando un día te comunica un coleguilla que tu amor platónico de juventud se ha casado, una chica que me parecía tan guapa que muy pocas veces conseguí reunir el coraje para acercarme a ella… y se ha casado tíos. No sólo eso, sino que además mi amigo se entero debido a que la “maravillosa” noticia salió, con foto y todo, en la sección social de cierto periódico lamentable, y acompañada de tres o cuatro frasecillas que, ejem, para vomitar de lo cursis que eran. (Pensé que tenia más clase, os confieso. Me pasa a mí y acabaría en la cárcel, porque mataría al imbécil que me hubiera puesto ahí). Mi amigo me mando el susodicho recorte. Devastador. Ella estaba guapísima. Dios, me siento como los Ärtzte, ya es demasiado tarde para mí, y lo supe a través de un coleguilla. Como los Ärzte, algún día me vengaré y ella lo lamentará, pero ya será Zu spät, muy tarde.
En fin, para mí, ya nunca pasará. La verdad que debería haber pensado en el coste de oportunidad en aquellos momentos en que podría haberlo intentado: ¿qué pasa si no haces nada? Pues lo que pasó: NADA. Y ahora ya está en “el camino a la jubilación anticipada”. ¿Por qué esa prisa por asentarse? No lo entiendo. Comenté el caso con mi amigo de Londres, y en un arranque de genialidad creativa mi Liebeskummer le llevó a la aplicación de las teorías del coste de oportunidad a las relaciones de pareja. Os linkeo su sabia reflexión aquí. Como veis, el coste de oportunidad ha de ser aplicado a todo.
El coste de oportunidad es un término usado en economía, que significa básicamente el coste de algo en relación con una alternativa distinta (y los beneficios que podrían haber derivado de dicha oportunidad o alternativa). Así, si una ciudad decide construir un hospital en terreno no urbanizado de su propiedad, el coste de oportunidad es otra cosa que se podría haber hecho con dicho terreno y los fondos dedicados a la construcción del hospital. Al construir el hospital, la ciudad deja pasar la oportunidad (y los beneficios que pudieren derivar de la misma) de construir por ejemplo un estadio en ese terreno, o de vender el mismo para reducir la deuda de la ciudad. Ahora bien, el coste de oportunidad no debe ser aplicado sólo en términos monetarios, sino que puede aplicarse en términos de cualquier cosa que tenga valor para una persona. Es algo fundamental para medir el valor real de cualquier decisión, ya que SIEMPRE hay otra alternativa. Además, la peña debería tener en cuenta que el coste de oportunidad no es la suma del resto de alternativas posibles, sino el derivado del beneficio que pudiere salir eventualmente de la mejor de dichas alternativas.
En el blog ya he desvariado bastante sobre el coste de oportunidad, hablando de mi actual basura de trabajo y del stage en Bruselas. Con esto ultimo sólo lo aplique de un lado, midiendo el coste de oportunidad de irme a Bruselas. Esa es otra: hay que aplicarlo en ambas direcciones. Si leéis le stage, veis que comparo dicha posibilidad a la alternativa; el coste de oportunidad de aceptar el stage es no quedarme aquí en caso de que renovaran; los únicos beneficios que pierdo: dinero y seguridad (en caso de que renovaran). Fijaos en el coste de oportunidad de quedarme aquí: no ir a Bruselas, y con ello los beneficios que perdería:
- El recuperar mi salud mental (aquí hago mierda que mina mi optimismo y buen humor todos los días)
- El conocer una ciudad nueva
- El aprender francés
- Conocer a 600 stagiers de 30 países diferentes (eso es una network, y no la del proyecto que hago ahora… 25 pocas personas en 19 países, y a eso lo llaman network, buff, como roba la peña)
- Estar cerca de gente que quiero
- Las puertas que puede abrir un stage
- Ver como es la UE por dentro
- La posibilidad de ser el tipo que resucitó la Ronda de Doha dando aire nuevo con ello al Comercio Global (aquí exagero).
Podría seguir así horas. En fin, que no hay color chavales. Me piro a Bruselas. Ya lo solté aquí y se lo tomaron bien. La verdad es que desde el punto de vista humano son muy buena gente (eso sí, es extraño que aun no me hayan pagado julio…., pero bueno, esto son las consecuencias de la lentitud de gestión asociada al verano de mal, quiero suponer). Lo entendieron. Normal, no pueden esperar que un tipo tan majo y listo como yo se quede haciendo la basura que hace. Dos meses y adiós. Seguiré vagando por ahí, y escucharé a Nena, “Irgendwie, Irgendwo, Irgendwann” y seguiré pensando en las becas erasmus, viajar, los amores de verano y que no me apetece asentarme. Cayendo a través del tiempo y el espacio, con dirección al infinito.

Una mañana de lo más productivo esta, como podeis ver. En fin… Una mañana gris y triste en Viena.
ENGLISH