Viernes bastante tonto y semana aún más tonta, Hasta ayer hizo un calor húmedo asqueroso. A partir de las 12, el sol pega con ganas en la oficina donde trabajo. Viena pedía lluvia. Bush vino y se fue. Esto era una jodida sauna. A eso hay que juntar mi desmotivación con lo que hago para que esta haya sido una semana bastante horrible. A veces me pregunto que hago en Viena. No es que esté mejorando mucho mi alemán (quizá sí, creo que estoy aprendiendo, lo malo es que ya tengo un nivel bastante decente a partir del cual cuesta mucho mejorar, y apenas lo uso), y vida social tengo más bien poca. No tengo tiempo, y algo para mí mismo necesito, para música, para leer y tal. Retiro espiritual.
Ayer llovió, ha bajado la temperatura, hace fresquito. Es maravilloso. Cero ganas de trabajar. Mi trabajo es un coñazo, aprendo Zilch, cero interesante. Desafío intelectual nulo. Cualquiera con un buen nivel de inglés podría hacerlo, no hace falta pensar, es todo mecánico.
A veces me sorprendo de que me paguen lo que me pagan por hacer esto (todo sea dicho, no es merito de la gente para la que trabajo sino del ICEX, que paga la mitad y fija las dotaciones, y Viena es de los sitios mejor pagados). Independientemente de quien pague, si tuviéramos que medirlo por el esfuerzo o aportación intelectual que hago, mi sueldo es exageradamente alto. ¿Un chollo, pues? Ni en mil reencarnaciones peña. Porque entonces pienso que aquí soy el ultimo gato, que hace el trabajo aburrido, coñazo y repetitivo pero muy necesario, que lleva muchísimo tiempo y que no le gustaría a nadie; eso lo hace entonces muy valioso para la gente que trabajo, ¿no? Teniendo esto en cuenta, lo que cobro es justo. Compliquemos la cosa un poco más y tengamos en cuenta el coste de oportunidad. Pierdo muchísimas horas haciendo mierdas (es decir trabajando) que a mi no me aportan nada, y para mi lo que hago es basura. Durante todas esas horas podría estar haciendo muchísimas otras cosas, y la inmensa mayoría de alternativas me parecen más atractivas. ¿Cuánto vale entonces mi tiempo, el tiempo que trabajo, considerando que cada minuto es una pesadilla lovecratftiana para mí? Más que el oro. Ya veis, metiendo la variable coste de oportunidad en la ecuación, debería ganar millones, sólo por las secuelas que ciertas cosillas me van a dejar en el subconsciente.
Ya dejo de desvariar que este tema esta muy mascado y volvemos a “Das Capital” y a lo que decía Marx de cómo se mide el trabajo, cuanto vale en realidad. El punto es que no me queda mucho aquí y sé que voy a hacer después. Y estoy contento. Sólo de pensar en el día que me pire me dan ganas correr de alegría. Ya os contare, no quiero adelantar acontecimientos. Pero algo bueno ha sucedido en junio, como predijo el adivino vienés. Lo cual, por cierto, es bastante inquietante. Empiezo a creer que de verdad palmaré a los 88. Jodido Fakir.







