Viena, Austria (la república alpina en Centroeuropa, no, no hay canguros ni desierto). Un sitio donde la peña está bastante forrada, trabajan pocas horas (¿eficiencia?) y parecen todos bastante felices. El tópico sobre “Sonrisas y Lágrimas” es verdad; Austria es realmente así. Todo está limpio, todo es bonito, todo es rococó. Y todo es tan asquerosamente cursi que ya me he tirado de cabeza al heavy metal (para equilibrar y tal, era irremediable). La verdad que después de un año en Budapest esto es más bien poca cosa, más feo, más provinciano y mucho más aburrido; no me extraña que Freud viviera aquí, las maravillosas posibilidades de ocio de Viena, donde a las 6 de la tarde todo esta más muerto que la muerte, le llevan a uno directamente al psicoanálisis. Yo esperaba encontrar algo más auténtico, mas völkisch, pero no es realmente nada del otro mundo, edificios muy bonitos y tal, palacios hiperpretenciosos, y cubriendo todo esto un montón de escaparates, tan caros como horribles, que quitan bastante encanto. A veces da la sensación de estar en un centro comercial de lujo. La verdad que ni siquiera es tan espectacular como mucha gente que no ha estado aquí piensa. Es como una tarta de chocolate de aspecto muy bonito pero hueca, a la que no terminas de encontrar nada especial una vez la muerdes.
Bueno ¿que leches vas a esperar de Austria, un país que lleva un siglo sin tener identidad propia? Por eso se los anexionaron con un plebiscito barato. Triste, que uno tenga que emigrar para llegar a presidente y después se anexione plebiscitariamente su propia nación…

Así son de majos, con su Edelweiss y sus montañas…
Pues eso, que aquí ando, en Viena, desde hace cuatro mesecillos, aporta más bien poco la verdad, salvo quizá el haber comprobado por fin, tras años y años de búsqueda en vano, que existe un lugar donde hace aún más frió que en Burgos. Ya no recuerdo el simple placer de poder estar al aire libre más de dos minutos sin que a uno se le congelen hasta las lágrimas. Los primeros días, la logística me mantuvo bastante ocupado (piso, montaje de muebles, banco, buscar clases o modos alternativos/productivos de aprovechar el tiempo), tras 40 días hasta que tuve una cuenta austriaca funcionando (lo de la Postsparkasse, mi banco, da de sobra para otro post, ¡que indigencia!) y tres meses para encontrar un curso de alemán de nivel alto (sí, tres meses; sí, en Austria se habla alemán; no, tras tres meses de buscar el curso no es perfecto sino tirando a mediocre; y no, esto jamás pasaría en Alemania) empecé a preguntarme si estaba en Viena o en Lagos. Los hipermercados están prohibidos por ley, las horas de apertura de tiendas muy limitadas, no hay Goethe Institut, no hay Alliance Français, no hay ni un banco internacional, todo es austriaco… en resumen, que tanto proteccionismo te obliga a dejarte todos los cashflows en bienes y servicios austriacos. Lo tienen muy bien montado los amiguetes alpinos.
Y el tiempo libre, bueno, en Viena no parece que se pueda hacer mucho salvo aspirar sus embriagadores efluvios (mezcla de kebab chungo, Leberkäse y caquita de caballo) en la cortante temperatura, unirse a la peste consumista que parece endémica al país y ver a viejas forradas con abrigos de visón tomar café y maravillarse con la súper hortera y pastelosa ciudad, alienadas por una emperatriz anoréxica a la cual dio vida y fama en nuestro siglo una actriz bastante desgraciada (pobre Fräulein Schneider, si se hubiera quedado en la idílica Austria con sus vaquitas, ovejitas y montañitas no habría pasado nada de eso). En fin, que no he explorado mucho aún. De todos los fines de semana he pasado más de la mitad en B´pest, uno en Bruselas y otro en Salzburgo… Espero que ahora que estoy asentado la cosa vaya a mejor, por lo menos el esquí, patinaje, y proximidad de la primavera (I chose to believe…) dan vidilla. En fin, que la situación no pinta ni bien ni mal sino indiferente, estoy aquí medio de retiro espiritual, aunque hay varios signos de solvencia: mi alemán mejora visiblemente (labor harto difícil, teniendo en cuenta lo que los austriacos consideran cursos de nivel alto… esto no pasaría jamás en Alemania), hoy a las 15.30 me piro a la capital bonita de Austria-Hungría (Budapest, claro), el fin de semana que viene me voy a Munich a la Starkbierfest (como la Oktoberfest pero más hardcore y con menos turistas) y de ahí a esquiar al Tirol, y aún más importante, los Stones descargaran su impía energía anfetamínica en la ciudad pastel y las estatuas doradas de violinistas muertos y emperadores ineptos experimentarán lo que es la verdadera sedición sónica. 20 de junio, Ernst Happel Stadion Wien. Y YA TENGO ENTRADA.
Mejor me paro que luego acabo gritando cánticos. Pero seguiremos con esto.
